La agrupación Pan y Rosas presentó un proyecto en el Consejo Académico, ante un hecho de violencia contra una docente, para ser elevado al Superior. La votación de las autoridades, un intento de desconocer la violencia de género y preservar a la casta profesoral.
Verónica Valdez @valveritos
Natalia López Docente universitaria | FHYCS UNJu
Viernes 13 de julio de 2018 13:24
El martes 10, en la última sesión antes del receso de invierno, en el Consejo Académico de la Facultad de Humanidades y Ciencias Sociales, estudiantes y docentes de la Agrupación de Mujeres Pan y Rosas –Secretaría de la Mujer del CEFHyCS- presentaron un proyecto de declaración para que este cuerpo inste al Consejo Superior de la UNJu a la pronta aprobación de un “Protocolo de Intervención Institucional ante denuncias por violencia de género, acoso sexual y discriminación de género” en el ámbito de la Universidad Nacional de Jujuy.
El proyecto de declaración se funda en el sostenido y alarmante crecimiento de la violencia de género, cuya expresión más aberrante se cobra la vida de una mujer cada treinta horas en Argentina. Una problemática de la cual la UNJu no está exenta, como se ha puesto de manifiesto en 2017 con un intento de femicidio que involucró a Fernando Toroconte, docente de Humanidades, y más recientemente en la situación de violencia sufrida por una docente de la materia Problemática Filosófica de la carrera Ciencias de la Educación -sede San Pedro, también de Humanidades.
Desestimando la vasta argumentación expresada en los vistos y considerandos del proyecto presentado por la Agrupación Pan y Rosas, las autoridades del Consejo Académico votaron una escueta declaración donde “sugieren” al Superior “la elaboración de un Protocolo de intervención institucional frente a problemáticas relacionadas con la violencia en todas sus expresiones” en todos los claustros de la UNJu.
Las cosas por su nombre
Desde el año 2009 que se promulgó la Ley 26.485, de protección integral para prevenir, sancionar y erradicar la violencia contra las mujeres en todos los ámbitos en que desarrollen sus relaciones interpersonales.
La lucha del movimiento de mujeres ha llevado al reconocimiento de la violencia de género como una problemática social que hunde sus raíces en la persistencia de los mandatos y valores patriarcales que legitiman las jerarquías que ponen en desventaja a las mujeres en el plano social, cultural, económico y político. Así lo reconoce una vasta jurisprudencia internacional, y en nuestro país la Ley 26.485. Sin embargo, la UNJu no cuenta al día de hoy, con un protocolo de actuación ante esta problemática, como sí han implementado numerosas universidades nacionales.
El viejo truco: revictimizando a las víctimas
La carencia de un Protocolo de intervención institucional que prevea la creación de gabinetes de acción contra la violencia de género para actuar no sólo ante las denuncias, sino en la prevención de las violencias promoviendo la implementación de la perspectiva de género de forma transversal a todas las materias y carreras, lleva a que se naturalice en el ámbito de la UNJu la reproducción de las jerarquías patriarcales que ponen en desventaja a las mujeres, disidentes sexuales así como a las y los jóvenes en general.
Esto lo hemos visto recientemente en el caso de la docente de Problemática Filosófica, que denunció un hecho de violencia de género por parte del Adjunto de la cátedra.
Ante su denuncia, acompañada por estudiantes que presenciaron los agravios de su Adjunto, recibió por toda respuesta una reunión con las autoridades de la Cátedra y de la Secretaría Académica donde se desestimó la denuncia de violencia de género y se redujo todo a “una discusión personal”. Luego, al recurrir al Area de Género de la FHyCS y al gremio docente, tuvo que atravesar una cadena de revictimización donde el manto de sospecha cae sobre ella por haber respondido a los agravios, lo que sería “desautorizar” a quien tiene un rango superior en la estratificación docente.
En este marco, las referentes de la Agrupación Pan y Rosas, plantearon la necesidad acuciante de elaborar un protocolo “involucrando a todas las unidades académicas a su elaboración y aplicación, a través de sus Consejos Académicos, asociaciones gremiales, centros y organizaciones estudiantiles, así como cátedras y áreas que se especialicen en la temática”.
Una demanda que desde hace tiempo sostienen las agrupaciones de mujeres y estudiantiles de la facultad, como se votó en la asamblea por el derecho al aborto del 26 de abril y también en la asamblea de ADIUNJu del 2 de julio. Como también se expresó en la propia sesión del Consejo Académico, donde integrantes de los distintos claustros manifestaron el conocimiento de múltiples situaciones de violencia, la inacción de la universidad y la necesidad de una herramienta para estos casos.
Los nuevos clérigos y las libertades que nos faltan
“Las universidades han sido hasta aquí el refugio secular de los mediocres, la renta de los ignorantes, (…) el lugar en donde todas las formas de tiranizar y de insensibilizar hallaron la cátedra que las dictara. Las universidades han llegado a ser así el fiel reflejo de estas sociedades decadentes que se empeñan en ofrecer el triste espectáculo de una inmovilidad senil”, decía el Manifiesto Liminar del movimiento reformista de 1.918 hace cien años.
Hace cien años, cuando el movimiento estudiantil barrió a los clérigos de la universidad. Pero parece haber sido escrito hoy, cuando la universidad está gobernada por nuevos clérigos sin sotana que atrasan el reloj de la historia, empeñados en la defensa amañada de sus intereses de casta profesoral a través de un co-gobierno antidemocrático donde una minoría define los destinos de la universidad, donde el voto de las y los estudiantes vale menos y la inmensa mayoría del estudiantado ni siquiera tiene derecho a votar.
Mientras la juventud es la protagonista indiscutida de la potente marea verde que inundó calles, plazas y colegios en la Provincia, como en todo el país, peleando por el derecho al aborto y cuestionando los mandatos patriarcales que oprimen a las mujeres, LGTBI y a la juventud, las autoridades de la UNJu se niegan a llamar las cosas por su nombre ¿Será que temen que la marea verde inunde la universidad para cuestionarlo todo?
Es que las jerarquías patriarcales sirven también para naturalizar el status quo y los privilegios de la casta profesoral que gobierna la universidad y la mantiene al margen de la realidad de las grandes mayorías, y al servicio de los capitalistas y sus gobiernos.
Por eso, ni siquiera para un reclamo tan elemental como la creación y aplicación de un Protocolo de actuación ante la violencia de género, podemos confiar en estas autoridades. Como cada uno de nuestros derechos, tenemos que arrancarlo con la autoorganización de las mujeres, el movimiento estudiantil y docente.
Tenemos que exigir que la conducción del Centro de Estudiantes así como el gremio ADIUNJu tomen en sus manos la pelea por la votación del Protocolo y contra todos los mecanismos de opresión que se reproducen en el ámbito de la UNJu contra la juventud, garantizando el debate, organización y decisión democrática de estudiantes y docentes.
Esta pelea la vamos a profundizar desde la Secretaria de la Mujer del CEFHyCS, Pan y Rosas, Juventud a la Izquierda y la 9 de Abril, en todos estos ámbitos para que el movimiento de mujeres confluya con el movimiento estudiantil y docente, porque es hora de poner a tono a la universidad con los fenómenos más avanzados de la realidad, para pelear por todas las libertades que nos faltan y para que la Universidad sea un actor, junto al pueblo trabajador, a la hora de enfrentar y derrotar los planes de ajuste y miseria que ya están descargando sobre nuestras espaldas.