×
×
Red Internacional
lid bot

Psicología. "Yo tuve la culpa, no debería haberme comportado así, ¡soy una tonta!"

Mujeres violentadas psicológicamente, amenazadas por celos, golpeadas, obligadas a no trabajar, perseguidas tras un divorcio, violadas, quemadas, ahorcadas, apedreadas porque un otro creyó que eran de su propiedad. A continuación realizamos un análisis psicológico de la violencia ejercida hacia las mujeres en las relaciones de pareja.

Gaba

Gaba La Izquierda Diario Antofagasta

Sábado 30 de enero de 2016

La violencia hacia las mujeres está sustentada y reproducida gracias al sistema patriarcal en el que vivimos, donde se considera a la mujer como un objeto subordinado al hombre, a los quehaceres del hogar y al cuidado de los hijos, lo que da paso a la naturalización e incluso validación de la violencia ejercida por los hombres hacia las mujeres.

El propósito principal de la violencia ejercida hacia la mujer es poder anularla para poseerla. El agresor tipo, el sistemático, quien ejerce violencia sostenida y a largo plazo, pega o maltrata a una Mujer para hacer de ella una propiedad, la considera suya y utiliza la violencia para mantenerla suya, despojada de libertad y sometida, siendo una realidad presente en miles de matrimonios y parejas alrededor del mundo, pero que pese a ello, continua siendo tratada como un problema “privado”, incluso en Chile se sanciona por la “Ley de Violencia Intrafamiliar (VIF)”, lo que fomenta el silencio de las víctimas y el ocultamiento de la dinámica violenta a los límites de la familia.

Círculo de la violencia

La violencia hacia las mujeres ocurre principalmente en ciclos, dado por cuatro fases.

Acumulación de la tensión: Alguna tensión dada por ejemplo: por el trabajo, el dinero o las cuentas por pagar, inician esta parte del ciclo. La tensión causa que el abusador se sienta impotente, respondiendo con más agresividad, encontrando motivos de conflicto en cada situación, reaccionando con violencia verbal, insultos y acusaciones, descargando en las mujeres su rabia e impotencia. Por su parte, la víctima intenta calmar al abusador, adelantándose a todo lo que le pueda molestar. La tensión es insoportable, es como “caminar en puntillas”.

Reacción: La segunda fase supone el estallido de la tensión, en la que la violencia finalmente explota, dando lugar a la agresión verbal grave, ataques físicos o sexuales violentos. Esto puede ocurrir una vez o varias veces, es siempre intencional y nunca accidental, y su principal motivo es herir, humillar, tener poder y control sobre la persona.

Racionalización/justificación:
Esta fase es comúnmente llamada “Luna de Miel” o de arrepentimiento, ya que el agresor usa mecanismos de defensa como culpar a los demás o minimizar la violencia, haciéndole regalos a la víctima por ejemplo. Estos mecanismos de defensa se utilizan para quitar la culpa del abusador y hacerlo sentir mejor, manteniendo la ilusión de un posible cambio.

Simulación de normalidad: Cuando se ha establecido el paso de racionalización/justificación, ambos miembros de la pareja intentan continuar la relación normalmente fingiendo que todo está bien. Hasta que nuevamente se presenta la fase de tensión.

Consecuencias
Cuando las mujeres recién están viviendo la dinámica violenta se sienten confundidas y desorientadas, llegando a renunciar a su propia identidad y atribuyendo al agresor aspectos positivos que la ayudan a negar la realidad. Se encuentran agotadas por la falta de sentido que el agresor impone en su vida, sin poder comprender lo que sucede, solas y aisladas de su entorno familiar y social y en constante tensión ante cualquier respuesta agresiva de su pareja.

Cuando la mujer ha vivido repetidamente los ciclos de violencia en su relación de pareja, existe una adaptación a la situación aversiva caracterizada por el incremento de su la habilidad para afrontar los estímulos adversos y minimizar el dolor, además de presentar distorsiones cognitivas, como la minimización, negación o disociación; por el cambio en la forma de verse a sí mismas, a los demás y al mundo, pudiendo desarrollar trastornos depresivos, rabia, baja autoestima, culpa y rencor, además de presentar problemas somáticos (dolores físicos), disfunciones sexuales, conductas adictivas y dificultades en sus relaciones personales. Finalmente, en el peor de los casos las mujeres presentan re-experimentación del suceso traumático, evitando situaciones asociadas al maltrato, dificultades para dormir con pesadillas en las que reviven lo pasado, estando continuamente alertas, hipervigilantes, irritables y con problemas de concentración.