El pasado 8 de marzo millones de mujeres paramos y nos movilizamos contra la alianza criminal entre el capitalismo y el patriarcado. Este año, otra vez, sobran los motivos para la huelga feminista.
Clara Mallo Madrid | @ClaraMallo
Martes 5 de marzo de 2019
En los últimos años hemos sido testigos de un profundo enardecimiento en el movimiento de mujeres a lo largo y ancho del mundo. Desde las multitudinarias concentraciones contra la justicia patriarcal en el Estado español hasta la lucha que libraron nuestras compañeras argentinas por legalizar el aborto, pasando por las respuestas que encabezaron las mujeres ante el ascenso de la derecha y ultraderecha, que se dejaron ver en la Women’s March que se opuso a la llegada de Trump a la presidencia de EEUU, en las protestas de las brasileñas contra la victoria electoral de Bolsonaro, o en Andalucía, cuando las mujeres fueron las primeras en tomar las calles ante la entrada de Vox en el Parlamento. Y todo esto marcado por el enorme 8M de 2018, en el que millones de mujeres de todo el mundo se unieron a la huelga laboral, educativa, de consumo y de cuidados para protestar contra este sistema patriarcal que nos ahoga, nos impone violencias y nos mata.
Sin embargo, hoy en día la realidad es esencialmente la misma. El mundo sigue siendo gobernado por los grandes capitalistas que, cómodamente asentados en la alianza entre patriarcado, racismo y capital, se enriquecen a costa de una gran mayoría empobrecida y oprimida. Por eso es necesario que el movimiento feminista se proponga el objetivo de conquistar las calles, no solo en esta importantísima jornada del 8M que se aproxima, sino todos los días. Porque aún nos quedan muchos motivos por los que luchar.
Para desterrar de una vez por todas la violencia social e institucional que sufrimos las mujeres
Según datos oficiales, en 2018 fueron asesinadas 47 mujeres por violencia de género en el Estado español. Pero webs como Feminicios.net llevan la cifra al doble, situando en 98 el número de víctimas mortales. Y, según datos del Ministerio del Interior, una violación es denunciada cada 5 o 6 horas (hubo 788 denuncias entre enero y junio de 2018); aunque, recordemos, solo un bajo porcentaje de las víctimas se atreve a denunciar.
Los asesinatos y las violaciones son la cara más visible de la violencia ejercida contra las mujeres, y forman parte de la desprotección que sentimos en las calles. Pero el patriarcado es una maquinaria compleja que opera desde la mismísima base de nuestra sociedad, y esto implica que las violencias que se ejercen en nuestro día a día son múltiples.
Desde las presiones sobre nuestro cuerpo y nuestra sexualidad que predominan en los medios culturales hasta los modelos de feminidad dócil y abnegada que propugna la moral judeocristiana, intensamente misógina, que constituye la base de Occidente, las mujeres somos asediadas por multitud de violencias. Y no de la misma forma, ya que las trabajadoras, las migrantes, las trans, las homosexuales y las bisexuales no experimentamos de la misma forma la opresión que ejerce este sistema capitalista, racista y cisheteropatriarcal.
Todo esto deriva en abusos de todo tipo en todos los espacios, desde los micromachismos más leves hasta el maltrato psicológico más grave; en definitiva, violencias que condicionan nuestro desarrollo personal y afectan a nuestra vida, tanto en el ámbito material como en la salud, y que pueden derivar en problemas psicológicos importantes; no es casualidad que un gran porcentaje de las personas a las que se les diagnostica depresión sean mujeres.
Este 8M saldremos a las calles por las que no están y por las que sí. Exigiremos que aumenten el presupuesto de la Ley de Violencia de Género, que esta no se limite a los casos en que el agresor es o era pareja sentimental y que se garanticen casas de acogida gestionadas por grupos de mujeres y sin presencia policial para las víctimas de maltrato y sus hijos e hijas. Pelearemos porque no sea necesaria la denuncia judicial para que las víctimas de violencia puedan recurrir a estos recursos y porque en todos los espacios (educativos, laborales…) haya comisiones de mujeres independientes que gestionen casos de abusos y agresiones. Para que podamos comenzar a transformar nuestras formas de relacionarnos para vivir en igualdad.
Abajo la justicia patriarcal y todas las instituciones cómplices de las violencias hacia las mujeres
La sentencia judicial en el caso de La Manada despertó un profundo rechazo entre las mujeres y expresó el verdadero carácter de un sistema judicial patriarcal que culpabiliza a las víctimas y naturaliza las agresiones sexuales, la violencia hacia las mujeres y los feminicidios.
Las mujeres hemos demostrado que no peleamos desde una posición victimista, esperando pasivamente algo del Estado y de los mismos Gobiernos, funcionarios políticos y jueces que niegan libertades y derechos elementales a las mujeres. El poder judicial y la Policía esconden la diversidad de situaciones de opresión que sufrimos las mujeres (inmigrantes, pobres, psiquiatrizadas…) y nos penalizan por ellas. Las cárceles están llenas de mujeres pobres y los CIEs de mujeres que huyen de situaciones de pobreza extrema o represión en sus países de origen. No son instituciones que vayan a actuar en nuestra defensa y protección frente a las agresiones machistas, como hemos visto en el caso de La Manada o Juana Rivas, sino que su función es la de defender el orden social capitalista y patriarcal.
Es por ello que este 8M las mujeres seguiremos profundizando en nuestra crítica a la justicia patriarcal. Lucharemos por medidas que comiencen a quebrar el carácter patriarcal y de clase del sistema judicial. Pelearemos por jurados populares en los casos de violencia machista y por comisiones independientes formadas por mujeres que participen en ellos.
Por el fin de la precariedad y de la doble jornada laboral
Actualmente, en términos globales, el 40% del trabajo retribuido está compuesto por mujeres. A pesar de ello, el 70% de las personas más pobres son mujeres y niñas.
En la precariedad laboral las mujeres estamos sobrerrepresentadas. En el Estado español, de todos los contratos a tiempo parcial, el 73,86% son desempeñados por mujeres y existe una brecha salarial que alcanza el 23% según los datos más recientes. En cuanto a las pensiones contributivas, la brecha llega a ser de un 34%.
La situación se agudiza si, además de trabajadora, eres inmigrante. Ellas son triplemente oprimidas. Los trabajos del hogar y del cuidado son realizados en un 90% por mujeres, y en su mayoría inmigrantes. También son casi el 100% de ellas quienes ocupan los trabajos de régimen interno, unos empleos en condiciones de esclavitud en los que además se les roba un 30% de su salario con la excusa de manutención.
La mayoría de las mujeres además seguimos sufriendo la doble jornada laboral. La precarización que nos afecta a la mayoría de nosotras favorece que seamos quienes seguimos ocupándonos de las tareas del ámbito doméstico y de los cuidados. También el empeoramiento de los sistemas públicos de salud y educación nos condena cada vez más a esa doble carga. Las tareas del entorno doméstico no remuneradas forman parte de un trabajo necesario para la producción y reproducción del sistema capitalista y somos las mujeres quienes lo realizamos de forma gratuita.
Por ello este 8M las mujeres vamos a estar al frente de la lucha por la derogación de la Reforma laboral, por la prohibición de los contratos temporales y las ETTs. Por la prohibición del régimen interno en el ámbito de los servicios domésticos. Por igual trabajo, iguales condiciones, derechos y salario. Y por que sea el Estado y los capitalistas quienes garanticen fondos y personal necesario para el cuidado de los niños y personas dependientes de manera gratuita, así como otros servicios del ámbito doméstico, para liberarnos de esa doble jornada que nos esclaviza.
Por el fin del racismo, de la xenofobia y del cierre de fronteras
Los «8 días de revuelta feminista» de este 8M empezaron el pasado 1 de marzo con una importantísima jornada de protesta antirracista: se convocaron concentraciones ante varios CIEs para mostrar el rechazo del movimiento feminista a las políticas xenófobas del Gobierno y de la Unión Europea.
La migración es una realidad que afecta a millones de personas y que las confina a una vida de precariedad y vulnerabilidad; especialmente, a las mujeres, ya que sufren la opresión multiplicada: como mujeres, como trabajadoras y como migradas y/o racializadas.
Según un informe de la Red de Mujeres Latinoamericanas y del Caribe, la tasa de mujeres migrantes que denuncian agresiones por violencia de género supera el 30%, y, sin embargo, solo el 8% ha recibido alguna ayuda económica. Y no olvidemos que muchas se abstienen de denunciar, ya que carecen de papeles y esto puede provocar su deportación o internamiento en un CIE. Las migrantes están desprotegidas ante un Estado patriarcal y racista que ignora sus necesidades.
Además, al tiempo que se les niega la legalidad a través de una burocratización xenófoba, las inmigrantes se ven obligadas a trabajar en los sectores más precarios, por ejemplo, como camareras de piso o trabajadoras del hogar. Por no hablar de las trabajadoras internas, que se ven sometidas a jornadas de 24 horas por unos salarios ínfimos y que frecuentemente sufren agresiones y acoso sexual.
Las personas inmigrantes son perseguidas sistemáticamente por el Gobierno, que orquesta redadas policiales para encerrarlas en los Centros de Internamiento para Extranjeros, cárceles de condiciones infrahumanas (el PSOE proyecta la construcción de un nuevo CIE que costará 800 millones), y deportarlas a su país de origen sin atender a los motivos que las llevaron a migrar.
Este 8M, las mujeres haremos huelga por la apertura de fronteras, por el cierre de los CIEs y por el fin del acoso sistemático a las personas migradas. Para que haya papeles para todas y todos, trabajo para todas y todos en unas condiciones dignas, y por el fin de toda discriminación y/o violencia.
Por una educación totalmente pública, gratuita y libre de machismo y LGTBIfobia
Las estudiantes vienen cuestionando desde hace tiempo cómo están estructuradas las instituciones educativas y de qué manera esto afecta a las mujeres como alumnas, investigadoras, profesoras y trabajadoras.
En las universidades españolas las mujeres representamos un 57% del alumnado y el 40% de profesorado. Sin embargo, encontramos que solo ocupamos un 20% de las cátedras. Al mismo tiempo, no hay prácticamente ni un solo hombre entre el personal de limpieza, mostrando así no solo el límite del techo de cristal, sino, además, que el trabajo, cuanto más precarizado, está más feminizado.
Pero no todas llegan a la universidad. Las tasas universitarias se triplican para las estudiantes no comunitarias convirtiendo la universidad en algo inalcanzable para las inmigrantes.
Qué decir si echamos un vistazo a cualquier guía docente de cualquier nivel educativo. Si lo hacemos veremos que las mujeres vuelven a ocupar un papel menor, por no decir nulo.
También en los centros educativos hay violencia de género. Varía según los años, pero las cifras de mujeres víctimas de algún tipo de agresión sexual en el ámbito universitario son de entre el 13% y el 30%. Qué hablar de la LGTBIfobia que se vive en las aulas. El 43% del alumnado LGTBI ha sufrido acoso en algún momento de sus estudios.
Y con la Iglesia hemos topado. El 30% de los centros educativos en España son privados, de esos, el 90% está en manos de la Iglesia. La educación sexista, heteropatriarcal y claramente marcada por la moral religiosa nos oculta y discrimina como trabajadoras, como mujeres, como bis, lesbianas, trans y como inmigrantes. Una educación llena discriminaciones y cómplice de las violencias cotidianas.
Este 8 de marzo vamos a pelear por una educación libre de prejuicios y pensamientos retrógrados, porque la Iglesia y su moral salgan de nuestras aulas, por una educación libre de machismo y LGTBIfobia. Una educación totalmente gratuita, 100% pública y sin precariedad que acabe con los intereses de las empresas privadas y que sea accesible al conjunto de la clase trabajadora.
¡Sobran los motivos para que este 8M nos propongamos vaciar las aulas, nuestras casas y los centros de trabajo! ¡Llenemos las calles otra vez!