Breve reseña en primera persona de las inundaciones en las calles neuquinas.
Miércoles 26 de octubre de 2016 12:30
A la tarde salí a caminar para ver cómo había quedado el barrio, el resto de la ciudad en el después. Ya habían pasado varias horas desde que dejó de llover y el agua bajó. En un gran supermercado al costado de la ruta con tres bombas sacaban agua del estacionamiento subterráneo, al costado de la ruta también, tapas de desagües al costado, como si anoche cuando arreciaba la lluvia alguna persona o varias las hubieran levantado. Desagües cloacales que burbujeaban, el agua no muy clara que digamos, calles con mas pozos que antes de la lluvia, más destruidas, negocios sin clientes adentro, con sus trabajadores limpiando los rastros del agua, de las cloacas, de las hojas, del barro. El agua deja marcas en los cuerpos, cansados de intentar frenar algo, en el animo, que puede desplomarse o entrar en el enojo hacia el mundo.
El antes es pensar "no puede ser como el 2014, ese abril nefasto", dijeron que iba a llover menos, la mitad del agua caída esos dos días. Tal vez fue menos, pero destruyó igual. Es ir viendo los pronósticos, en el celular, escuchar la radio, la tele, pareciera que es lo único que existe.
Es ir tomando decisiones, levantamos las cosas, hacemos esto, hacemos lo otro, se intercambian pareceres, optimismos y pesimismos. Se intercambia como nunca con los vecinos, también en la zozobra de lo que toca vivir, algunos intentan hacer lo que no hacen las instituciones, desagotar desagües, limpiar las calles, es la mirada y la acción sobre su propia casa, grande, chica, pintada, despintada, con sillones o solo sillas, de una ambiente, de tres ambientes. También en lo cercano, el barrio, el vecino y no sé si a otros pero a mi me surge: nadie se salva solo, ninguna vivienda es una isla.
Y en el durante, es manos a la obra, intentar que los daños no sean tan grandes, es ponerle el pecho al agua, que se mira desde la ventana y sube, y sube, y sube...y están los familiares y los amigos, y los vecinos, y es ver pasar a gentes que ya se inundaron y dicen "chau, me voy a la casa de mi hija", es la adrenalina de intentar hacer cosas para que no sea como en el 2014. Y es cada tanto acordarse del intendente, del gobernador, de los concejales, del Arroyo Duran. Acordarse no de la mejor manera, pero también es pensar que otros la están pasando peor, se quedaron sin casa, arrasada su base o su calle por la lluvia.
La lluvia forma parte de la naturaleza, la inundación no. Hay responsabilidades de obras que no se hacen. Me pregunto ¿Cuánto se gasto en el aniversario de Neuquen de este 12 de septiembre? ¿Se priorizan obras? ¿Se sabe cuál es la solución y no se hace nada? Se tiran petardos entre el gobierno provincial y el municipal y aunque el intendente diga que no " el agua casi nos llego al cogote" ¿Y ahora? cómo sigue la historia de vivir en una ciudad que en un par de horas se inunda. ¿ Macri nos mirará desde su gobierno nacional que va hundiendo al país, para hacer las obras del Arroyo Durán que valen millones?
El MPN tiene su slogan "Cerca de la gente", por la edad (ya uso anteojos), tal vez no los vi muy cerca de las calles inundadas, las casas inundadas, las tomas inundadas, el Neuquén inundado. Esta historia continuará.