En el día de ayer, la ex presidenta encabezó un acto para recibir los títulos Honoris Causa que le otorgaron las universidades de Quilmes y Avellaneda. La acompañaron Daniel Scioli, Axel Kicilloff, Martin Sabatella y algunos intendentes del conurbano bonaerense.
Natalia Laris Enfermera
Jueves 13 de octubre de 2016 17:31
Imagen: ANDIGITAL
Durante la tarde lluviosa de ayer en el coqueto Barrio Parque de Bernal, unas 1.500 personas en su mayoría militantes de organizaciones kirchneristas, docentes y algunos estudiantes llenaron el gimnasio de la Universidad Nacional de Quilmes (UNQ). Ni el centro de estudiantes de Ciencia y Tecnología ni el de Ciencias Sociales, Economía y Administración de la universidad acompañaron el acto y rechazaron el otorgamiento de títulos Honoris Causa a la ex mandataria.
El acto comenzó con los discursos Jorge Calzoni, rector de la Universidad de Avellaneda, y Mario Lozano, rector de la UNQ. Ambos reivindicaron las políticas educativas y de derechos humanos del gobierno anterior. Lozano, que se perfila como futuro candidato del FpV para el 2017, fuertemente cuestionado por la izquierda de la universidad por recibir un abultado sueldo de más de $ 100.000, no hizo mención alguna sobre el presupuesto miserable del gobierno del Pro que aprobó él mismo junto a todos los rectores para las universidades del país.
Imagen: Diario Contexto
El discurso de Cristina se centró en la educación, la pobreza y el avance de la derecha en la Argentina y el mundo. La ex mandataria reivindico las políticas de “inclusión educativa” de los últimos 12 años, mencionando el acceso de miles de nuevos estudiantes a la educación superior, y la creación de las nuevas universidades del conurbano bonaerense.
Sin embargo, no hizo mención alguna a la continuidad de la Ley de Educación Superior, que garantiza el avance de la privatización en las universidades y la injerencia de empresas privadas, ni de los miles de docentes que cobran un promedio de $ 5.000 o que directamente dan clases sin ninguna retribución, como en la UBA. Tampoco se refirió a la continuidad de las leyes menemistas como la Ley de Transferencia Educativa, que obliga a las provincias a financiar la educación primaria y secundaria, garantizando de esta manera un presupuesto escueto que no alcanza para cubrir las becas, comedores, ni el salario docente.
De lo que sí habló es de los docentes de las escuelas públicas, diciendo que siempre resolvieron los conflictos y que hubo un salario superior a la inflación, ignorando los 17 días de paro en la Provincia de Buenos Aires en el 2014 o el conflicto en Neuquén, donde la represión desatada por el gobierno de Jorge Sobisch se cobró la vida de Carlos Fuentealba.
Imagen: Pepe Mateos
Tras mencionar los índices de la pobreza que se hicieron públicos los últimos días, reivindico el otorgamiento de planes sociales por parte del kirchnerismo durante su gobierno, y justifico el Impuesto a las ganancias. Este punto lo consolido diciendo: “Cuando de joven entre tantos otros militábamos al grito de Perón, Evita, la patria socialista, nos dijeron zurdos, marxistas, y casi nos matan a todos a tiros. Y ahora, cuando nos convencimos que el capitalismo es bueno y fomentamos el consumo, nos llaman demagógicos y populistas”.
Es claro que el índice de pobreza aumentó considerablemente con el gobierno de Macri, pero durante el gobierno kirchnerista tampoco cambio estructuralmente esa situación. Para dar una idea, solo en Quilmes, según el censo realizado en el 2010, el 25 % de la población vivía en villas y asentamientos. Hoy ese índice aumento al 33 %. Con el mal llamado impuesto a las ganancias financiaron con los sueldos de los trabajadores los planes sociales, en lugar de que esos impuestos realmente salgan de los que sí tuvieron ganancias, como son las grandes empresas nativas y extranjeras que se llevaron millones durante los últimos 12 años.
Cristina habló de “crisis” política y el avance de la derecha como problema de coyuntura, refiriéndose al triunfo del NO en el plebiscito colombiano por las FARC, el no apoyo a una nueva reelección de Evo Morales en Bolivia y la situación en Brasil con el golpe institucional. También menciono lo que sucede aquí, con el triunfo de Macri y el avance de sus planes neoliberales, tratando a los votantes de “tontos y tontas” por apoyar a la derecha. Pero nada dijo sobre que esos mismos gobiernos “progresistas” son los que estaban empezando a aplicar el ajuste, como es el caso de Dilma Ruseff en Brasil o Evo Morales en Bolivia. Como si en Argentina, en los últimos años, los conflictos en Lear o la línea 60 (solo por mencionar algunos) no hubieran mostrado la clara intención de su gobierno de que la crisis la paguen los trabajadores.
Aguantando sin resistencia hacia el 2017
La ex presidenta no hizo mención alguna a la tregua que tienen los dirigentes sindicales del FpV con el gobierno macrista, tampoco del ajuste que están descargando los gobernadores kirchneristas sobre los trabajadores y el pueblo pobre, y mucho menos de cómo enfrentar los miles de despidos, los tarifazos y los recortes en la educación pública. La intencionalidad del acto fue claramente con mira a las elecciones del 2017. Por eso llamó a la militancia a “redoblar los esfuerzos, a pensar, a ser pacientes y a no enojarse si los insultan, sino a esperar y explicar una y otra vez”, y cerró su discurso diciendo: “porque nosotros tenemos la razón, y la razón siempre vence”.
Queda claro que los trabajadores, estudiantes y sectores populares no obtendrán del kirchnerismo más que demagogia opositora con el objetivo de llevarlos detrás de una recomposición del peronismo. Para enfrentar el ajuste de Macri y los gobernadores del FpV-PJ, es necesario desarrollar una alternativa política independiente de los trabajadores y la izquierda, poniendo los sindicatos y centros de estudiantes al servicio de los trabajadores, para que la crisis la paguen los capitalistas. Con ese objetivo, el Frente de Izquierda llevará a cabo una gran campaña en todo el país que culminará con un acto el 19 de noviembre en el estadio de Atlanta, donde se expresarán los representantes del clasismo y las distintas fuerzas políticas que integran el FIT.