Manzur entra en su tercer mes como gobernador. En paralelo, lidia con las tensiones del peronismo y la relación con el gobierno nacional.
Maximiliano Olivera @maxiolivera77
Martes 29 de diciembre de 2015
Luces
Sin derecho a la “luna de miel” que se le solía dar a los nuevos gobiernos, Manzur se vio obligado a ensayar gestos y gestualidades ante los flashes de los medios de comunicación. Necesita dejar atrás las postales de urnas quemadas, marchas contra el fraude y represión a los manifestantes. El Manzur de los últimos meses se esfuerza por mostrar vocación de diálogo y hasta capacidad de construir consensos. Las virtudes recientemente descubiertas se incrementaron con el triunfo de Macri y la designación de Cano, el adversario que lo acusó de robarle la gobernación, en un plan de obras que ofrece millones de razones para sentarse a compartir un café.
Pero que nadie crea que Manzur solo conversa por beneficio propio. También brindó ayuda a al radical Roberto Sánchez, el intendente de Concepción que tuvo un “incidente” con su antecesor que nombró a 460 empleados antes de irse. Para mejorar la relación con los intendentes Manzur prepara una reedición del Pacto Social que ideó Alperovich. Implementado cuando Alperovich era ministro de Economía de Julio Miranda, asegura a los municipios el pago de los sueldos municipales y se congelan los nombramientos en la planta estatal. La tranquilidad de cada intendente queda supedita a la devolución de favores que soliciten desde la gobernación. Pero como Manzur es un hombre de diálogos y consensos, diseñará un Pacto Social de acuerdo a la necesidad particular de cada intendente.
Manzur también compartió un café con Germán Alfaro. Cuando el intendente no conseguía quorum parar que el Concejo Deliberante capitalino vote un blindaje económico, el gobernador le tendió un mano. Con la fuerza del diálogo logró que los concejales del Frente para la Victoria y de Fuerza Republicana (el bussismo retoma su rol de aliado, ¿alguno vez dejó de serlo?) accedieran, de mala gana dicen algunos, a dar quorum y el voto positivo. El consenso además logró algo atípico. Los concejales fueron a “laburar”. Un sábado. En un fin de semana largo.
Manzur también quiere cerrar la grieta, por eso asistió a la asunción de Macri. “Acompañó la decisión del gobernador” dijo Alperovich al asistir con su prima, la senadora Beatriz Mirkin. La mayoría del bloque de diputados tucumanos del FpV no fue. Solo José Orellana rompió la disciplina partidaria, primero, para luego armar un bloque unipersonal. Se puede dudar de algunas de sus capacidades, pero el famaillense todavía sabe distinguir para donde sopla el viento.
Sombras
Pero cada gestualidad de Manzur es seguida por una sombra. Su intención de encajar con los aires de cambio se empantana con el escándalo de los “gastos sociales” de la Legislatura. Los movimientos millonarios de esta caja administrada discrecionalmente se incrementaron considerablemente en tiempos electorales (se extrajeron 47.8 millones en junio, 53 millones en julio y 91,7 millones en agosto, el mes de las elecciones provinciales). El mes de la transición entre Alperovich y Manzur devino en la extracción de 105.3 millones. Solo en el día de la asunción de Manzur, el 29 de octubre, se extrajeron 25 millones. Inevitablemente, los “gastos sociales” trajeron las imágenes del fraude y del enorme aparato de punteros que operó en los comicios provinciales.
La crisis de los “gastos sociales” hizo sombra al primer intento de lavar los pecados del fraude: la reforma política. Se propician “mesas de diálogo” entre los principales referentes del régimen político, social y económico de la provincia, con el fin de elaborar un proyecto de ley para la Legislatura. Las medidas tomadas tienen un aroma a las reformas cosméticas que se hacían en los 80 y 90 para una ley de lemas acorde a las necesidades del momento. Justamente, el alperovichismo incorporó los acoples a la Constitución provincial de 2006. Las reformas serán cosméticas y ni siquiera se discute una medida que amplíe la participación de las minorías, sino que se baraja la posibilidad de un sistema similar a las PASO con porcentajes proscriptivos. Mucho menos se discuten los privilegios de la casta política, como los “gastos sociales”.
Manzur cuenta también con una larga sombra a su figura, el propio Alperovich. Aunque el ex gobernador se resguarda de la exposición pública y cuando no lo hace solo atina a decir que está para apoyar, la tensión pasa por la vida interna del peronismo. En el ambiente caldeado en la noche del 22 de noviembre se escucharon los primeros canticos de “Manzur conducción” a pesar de la presencia de Beatriz Rojkés, la presidenta del PJ local. Luego aparecieron los afiches repitiendo la consigna.
Pero la formación de un “manzurismo” no es nítida todavía. Una primera foto se realizó con dirigentes capitalinos con la excusa del brindis del año. En El Príncipe, Maquiavelo llama la atención sobre aquellos hombres que eligen lanzarse al campo de batalla con tropas que no le son propias, ya que el triunfo no se ve tan legítimo. “No hay nada tan inestable y fluctuante como la aureola de poder que no se basa en la propia fuerza”, remata el florentino citando a Tácito. A esto hay que sumarle el estilo hermético que le atribuyen a Manzur a la hora de tomar decisiones, por lo que nadie puede asegurar con severidad que pertenece al círculo íntimo del gobernador.
Otro que se proyecta como una sombra es José Cano. Al mando del Plan Belgrano, tiene una chequera a la que Manzur tiene que recurrir para realizar cualquier obra de los planes faraónicos que tiene para el Bicentenario del 9 de julio. La proyección en el NOA le permite al radical soñar con 2019 ("seremos gobierno" aseguró Alfaro en un brindis de fin de año). A esto hay que sumar a otro adversario, Domingo Amaya, en la secretaría de Vivienda.
Con este estado de cosas recibe Manzur al 2016, al que seguramente se le sumarán novedades desde otros frentes. Pueden retornar las inundaciones como en el verano de este año. O pueden ser novedades sobre su situación legal ante el Plan Qunita. Además deberá transitar una paritaria en momentos donde los recursos no sobran. La historia con el gobierno de Macri tiene sus primeros capítulos. Por ahora se ve una relación donde se privilegie la gobernabilidad, con un sistema de concesiones financieras y políticas. Lo demás es música del futuro.