Mientras en las escuelas los niños, niñas y jóvenes piden a gritos saber y necesitan saber, en Mendoza la Ley de Educación Sexual Integral, que este año cumple 10 años, sigue siendo una promesa, y la responsabilidad sigue en manos de los docentes.

Virginia Pescarmona @virpes
Miércoles 7 de septiembre de 2016
Tan básico como decirle a un niño o una niña el nombre de las partes de su cuerpo puede ser algo liberador. A un niño de 9 años no le da vergûenza decir estómago o hígado (sin tener ni la menor sospecha de qué se trata tal cosa). Tampoco duda en llamar cerebro "a la parte más importante porque desde ahí se comanda todo", según Román, que tiene aún 8 y no para de demostrar que sabe mucho sobre el cuerpo humano. Pero cuando de los órganos sexuales se trata nadie quiere levantar la mano, y el que se animó señala con su dedo índice diciendo: "seño....las partes íntimas, pero no me pida que le diga".
Y mientras los niños y niñas piden saber, la Ley de Educación Sexual Integral en Mendoza se ha llegado a calificar de "tema escabroso". Argumentando que es un tema sensible para padres e incluso para docentes.
Se dice que la ignorancia no es neutra, sino un efecto de un determinado conocimiento, ese que naturaliza en tabú, cosas de las que se hablan y no. En la actualidad existe un vacío en la formación, en la capacitación y más aún en la aplicación. El resultado es que no hay educación sexual en las escuelas. Y esa sexualidad ausente avala lo existente, las normas patriarcales y heternormativas.
Para la Dirección General de Escuelas (DGE), que no garantiza el material, la capacitación ni la reglamentación la "culpa es de los docentes". Según Marta Hintuchi, subdirectora de DOAITE "En la actualidad existe un vacío en la formación profesional que no es causado por la DGE sino que tiene una raíz más profunda. La funcionaria explicó que “incluso en la universidad aún no han logrado armar proyectos formativos para enfrentar estos temas y eso se ve en los docentes (...) también aludió a la Mendoza conservadora como uno de los motivos de la falencia del programa ya que según la funcionaria "la educación sexual es un tema que cuesta instalar socialmente".
Este año, la ley de Educación Sexual Integral (ESI) N° 26.150 cumple10 años desde su promulgación y la realidad es que lo que se si se cumple es el artículo 5° de la ley que garantiza que “la comunidad educativa incluirá en el proceso de elaboración de su proyecto institucional, la adaptación de las propuestas a su realidad sociocultural, en el marco del respeto a su ideario institucional y a las convicciones de sus miembros “. He aquí la explicación para tal libre albedrío. Existe un enorme obstáculo para su implementación: la injerencia de la Iglesia en el Estado y la educación pública. Un "hecha la ley, hecha la trampa". Lo que está garantizado es que este artículo justifica la intromisión de la iglesia en los contenidos educativos. Bien ilustrado está en los últimos hechos de Malargûe, donde integrantes del grupo ultracatólico denominado Verbo Encarnado que se movilizó para exigir al intendente que “no vuelva a cometer el mismo error”, en referencia a una obra de teatro escolar sobre diversidad sexual.
Los niños y niñas, como sujetos, tienen derecho a conocer su propio cuerpo, a entenderlo, a reconocerse y cuidarse. Tener el derecho a una educación sexual significa poder aprender a cuidarse y cuidar a los demás, que puedan llevar a cabo su trayectoria escolar en establecimientos educativos en los que se respeten por igual los derechos de todos y todas, el derecho de vivir su orientación sexual sin sufrir ningún tipo de discriminación, de poder contar con personas adultas que los acompañen, los escuchen y los auxilien en situaciones de maltrato o abuso. Se trata del derecho a recibir información científica y actualizada.

Virginia Pescarmona
Docente, Corriente 9 de abril/Lista Bordó, Mendoza