Un aporte a la discusión sobre el uso de sustancias, el consumo problemático y el narcotráfico que atraviesa a grandes franjas de la sociedad – y especialmente a la juventud. ¿Prohibir, despenalizar o legalizar?

Jesica Calcagno @Jesi_mc
Jueves 21 de abril de 2016
Apenas días pasaron de la muerte de cinco jóvenes en el predio de Costa Salguero, mientras al menos tres más pelean por su vida, a causa de la corrupción de empresarios, gobierno de la ciudad y Prefectura. El consumo de drogas abordado desde distintos ángulos, está en boca de todos.
¿“La droga mata”? o ¿“La droga genera adicción”?
La familia de sustancias psicoactivas, a las que nos referimos comúnmente como drogas, es grande y en ella conviven el alcohol, el tabaco, analgésicos, hasta éxtasis, cocaína y marihuana, entre otros. Pero hay distintos tipos de consumo de estas sustancias: el uso recreativo, abuso o dependencia. Puede haber un uso esporádico sin que exista abuso ni dependencia, y hasta puede haber abuso sin dependencia, o dependencia sin adicción.
Las estadísticas mundiales ratifican que no toda sustancia implica adicción o consumo problemático. Informes de la ONU afirman que entre 3,5% y el 7% de la población mundial entre 15 y 64 años consume alguna sustancia ilícita, pero sólo entre el 0,3% y el 0,8% tiene un consumo problemático de ellas.
El consumo problemático es una cuestión de salud pública que debe ser atendido con políticas activas de prevención, acceso a información científica y educación pública en la materia, y reducción de daños. Y debe incluir a todas las drogas, ya que las legales de venta libre causan más muertes que las ilegales: por cada persona que muere por adicción a sustancias ilícitas, 37 mueren por consumir alcohol (2,3 millones) o tabaco (5,1 millones).
Las muertes en Time Warp vienen demostrando –hasta judicialmente- que no fueron causadas por un consumo relacionado con la adicción. Se podrían evitar con la instalación de dispositivos sanitarios en las fiestas y boliches, que testeen en el momento la composición química de lo que se va a consumir, como realiza la ONG “Energy Control” de Barcelona. Debería ser el Ministerio de Salud quien brinde información científica de acceso libre y anónimo.
¿“La prohibición reduce el consumo de drogas”? ¿“La legalización aumentaría el consumo”?
La prohibición de ninguna manera logra que desaparezcan las drogas y menos aún su consumo, sino que alimenta el millonario y sangriento negocio del narcotráfico que introduce sustancias de mala calidad, y colabora en criminalizar al consumidor obstaculizando el correcto tratamiento de los casos de adicción.
La prohibición hace que una realidad de consumo se transforme en tabú, dificultando el acceso a información científica y la búsqueda de tratamiento de quienes padecen por el uso problemático, por temor a la judicialización y criminalización del consumidor.
Portugal por ejemplo despenalizó el consumo de la marihuana, cocaína y heroína, y contra los pronósticos de incremento de su uso, disminuyó a casi la mitad el número de personas con adicciones, y se transformó en el país con las tasas más bajas de consumo de estas sustancias en la Unión Europea. La medida permitió además duplicar las solicitudes de tratamiento médico por adicciones.
La tarea debería concertarse en evitar el uso abusivo o compulsivo de las sustancias, y para ello el prohibicionismo es el principal obstáculo.
¿Por qué pelear por la legalización de todas las drogas?
En primer lugar, para terminar con la persecución y criminalización al consumidor. Hace falta brindar las mejores herramientas en materia de salud pública, información y educación científica sobre el uso de sustancias psicoactivas, políticas de prevención y reducción de daños. Este cambio podría comenzar con la despenalización del consumo. La legalización es una salida superior porque apunta a desarticular las mafias estatales y para-estatales involucradas en el gran negocio del narcotráfico, que provoca miles de muertes violentas en todo el mundo (Santa Fe en nuestro país, México, Colombia), y que cuentan con la hipócrita complicidad de los mismos políticos, jueces, fuerzas policiales que criminalizan y persiguen a los consumidores.
El narcotráfico mueve 500 billones de dólares por año, relacionado además con el tráfico de armas y las redes de trata. Los mecanismos del capitalismo son tan perversos que, a cambio de asegurar el narcotráfico manteniendo algunas drogas en la ilegalidad, sacan su tajada financiera con los 65 países donde existen paraísos fiscales -como Panamá- para que “blanqueen” y hagan legales sus ganancias. Atacando sus cuentas bancarias junto a la nacionalización de la banca y el comercio exterior se podría atacar este gran negocio.
Por otro lado, la legalización brindaría la posibilidad de controlar la calidad de las sustancias, y evitar así muchas muertes que hoy en día se producen a causa de mezclas o drogas de mala calidad.
Los revolucionarios también planteamos pelear por la legalización de todas las drogas como una forma de enfrentar la coerción y el control social sobre la vida de los oprimidos y explotados por parte del estado capitalista, queriendo imponer con leyes reaccionarias qué conductas son “aceptables”. Rechazamos y enfrentamos esos prejuicios, y defendemos el derecho al consumo de sustancias con fines recreativos, que podrá ser verdaderamente libre disponiendo de toda la información científica y luchando por la igualdad en las condiciones de vida, ya que actualmente la población más afectada por las adicciones y la criminalización son los más pobres.
El capitalismo crea barbarie, y bajo sus leyes no será posible eliminar todas las consecuencias nocivas del consumo y la comercialización de las drogas. Nuestra pelea es por una sociedad donde seamos socialmente iguales, humanamente diferentes, y totalmente libres. Por eso el primer paso es enfrentar toda coerción por parte del estado capitalista para someter, dividir, y perseguir a los sectores más empobrecidos, a la vez que peleamos por inmediatos programas de salud y reducción de daños. Porque no queremos ni un pibe más muerto por el prohibicionismo hipócrita que abre las puertas a “mezclas mortales”, ni por las balas del gatillo fácil de las fuerzas represivas o las “guerras narcos”.
El próximo sábado 7 de mayo se reunirán miles de jóvenes en la Marcha Mundial de la Marihuana, más que nunca la pelea por la legalización de todas las drogas tiene que copar las calles.
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Jesica Calcagno
Nació en Buenos Aires en 1984. Licenciada y profesora en Sociología (UBA). Acreditada en el Congreso.