Con la presencia de Scioli y varios gobernadores inició su gestión el sucesor de Alperovich. Tras los comicios donde proliferaron las denuncias de fraude, los primeros anuncios apelan al diálogo y el consenso.
Maximiliano Olivera @maxiolivera77
Viernes 30 de octubre de 2015
Después de las 11.30 del día de ayer terminó una larga etapa en la política tucumana. Por esos momentos, José Alperovich le colocaba la banda de gobernador a Juan Manzur y hacía entrega del bastón. La incógnita a develar es si en esa ceremonia también se traspasaban las llaves del PJ local. La duda quedó opacada por el escenario electoral nacional. La asunción de Manzur se transformó en una reunión de gobernadores pejotistas en donde Daniel Scioli buscó apoyo para relanzarse en la carrera del balotaje.
Manzur le agregó un mayor simbolismo a los actos protocolares. El bastón que Alperovich le entregó fue hecho especialmente para él. Además de un mapa político de la provincia, se tallaron sus iniciales: J.L.M.
Luego de la ceremonia, donde se lo vio emocionado y ansioso, Manzur dio un discurso de casi una hora, dirigido más a los que no lo votaron con algunos guiños al empresariado rural y azucarado, y también hacia la oposición.
En el primer tramo, el flamante gobernador trazó dos ejes que retomó con frecuencia: “un Tucumán del desarrollo en equidad” y “la generación del Bicentenario”. Con respecto a lo primero planteó un “crecimiento progresivo y sustentable”, reconociendo la necesidad de una “mayor inclusión”.
Manzur sostuvo que es necesario implementar un conjunto de políticas para “fortalecer aún más la calidad de nuestras instituciones” para llegar a Tucumán “jurídicamente seguro, políticamente predecible, socialmente justo”. En este punto se anunció la organización de un sistema estadístico provincial y una reforma política.
La crisis política abierta tras las comicios provinciales de agosto fue en gran parte por el agotamiento y colapso del sistema de acoples. Incorporados en la Constitución provincial, en donde Manzur jugó un rol preponderante, permitían contener a las alas del PJ mientras cada puntero libraba su juego pero sumaba a una candidatura ejecutiva principal. La reforma política deberá ver como relegitimar un sistema político desprestigiado y contener a un peronismo dividido en dos grandes sectores: el por ahora alperovichismo y los alineados con Domingo Amaya y Germán Alfaro.
Sin especificaciones, Manzur sostuvo que el nuevo sistema electoral será producto de “un proceso de diálogo político con representantes de los distintos partidos, universidades, organizaciones políticas y sindicales”.
Retomando la idea del “desarrollo en equidad” afirmó que el centro lo ocupa la producción y la necesidad de generar “un marco estratégico” para aumentar la producción de limón, arándanos, frutillas y hortalizas, en otros cultivos. La perspectiva de negocios también se extendió a la producción de productos farmacéuticos, vacunas y productos químicos.
Estas buenas noticias para los empresarios se completaron con el anuncio de “incentivos” en materia de política fiscal. En cuanto a la industria azucarera reafirmó su perspectiva de aumentar la producción de bioetanol y una mayor absorción en la composición de las naftas. Además destacó la generación de energía eléctrica a partir de la biomasa, los residuos de la caña de azúcar. Cerrando la idea de la productividad se refirió a las nuevas obras que se realizarán en caso de que Daniel Scioli resulte electo.
En otro tramo afirmó que la seguridad “constituye una cuestión de gobierno prioritaria”, planteando la necesidad de que la gente vuelva a confiar en la Policía y una reforma en el procedimiento penal.
Como si no hubiese sido juez y parte de los doce años de alperovichismo, enunció la eliminación de la pobreza, del trabajo infantil, el desempleo juvenil y de la “desigualdad de género”. En un párrafo dedicado a las “adicciones”, Manzur omitió hablar, más no sea por corrección política, de combatir al narcotráfico.
En el tramo final, convocó al “reencuentro” y “convivir en la variedad”, sin escatimar referencias al Bicentenario.
Con un margen de error bastante ajustado, Manzur dio un discurso en busca de la legitimidad que perdió en las elecciones fraudulentas. Las movilizaciones que se sucedieron también actuaron como un condicionante. La oposición, a pesar de los cruces verbales, comparte la necesidad de una reforma política que revalide a un régimen político cuestionado.
Nuevo gabinete
Tras su discurso, Manzur tomó juramento a los nuevos integrantes de su gabinete. Para marcar una diferencia con respecto a la gestión de Alperovich, se nombraron nuevos ministros en la totalidad de las áreas. Así, juraron Regino Amado (ministro de Gobierno, Seguridad y Justicia), Eduardo Garvich (ministro de Economía), Juan Luis Fernández (ministro de Desarrollo Productivo), Roxana Chahla (ministra de Salud Pública), Pablo Lichtmajer (ministro de Educación), Miguel Acevedo (ministro del Interior), Gabriel Yedlin (ministro de Desarrollo Social), Pablo Yedlin (secretario general de la Gobernación) y Daniel Leiva como fiscal de Estado.
Algunos ministros forman parte del círculo íntimo del gobernador, como los hermanos Yedlin, o lo acompañaron en su gestión al frente del ministerio de Salud de la Nación, como Eduardo Garvich. De hecho, Manzur y Garvich fueron señalados por la American Task Force of Argentina (grupo lobista de los fondos buitres) por el crecimiento inexplicable de sus patrimonios mientras ejercían la función pública. Irónicamente, quien se encargará de la educación pública es rector de una universidad privada. Lichtmajer es rector de la Universidad San Pablo-T.