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Red Internacional
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PANORAMA POLÍTICO. Tucumán: la disputa electoral entre operaciones políticas e inundaciones

Entre los anuncios de candidaturas y las operaciones políticas para cerrar acuerdos, el régimen tucumano se ve sacudido por las consecuencias de las inundaciones, que repercutirán mucho más que en las urnas.

Maximiliano Olivera @maxiolivera77

Martes 14 de abril de 2015

El viernes por la noche tuvo la confirmación de un elemento que rondaba en la atmósfera electoral. En un acto en Alderetes, José Alperovich ungió a quienes representarán al espacio que encabeza en los comicios provinciales. Juan Manzur será el candidato a gobernador, mientras que Osvaldo Jaldo lo secundará como vice. “No le sacó el traste a la jeringa ni esquivo el bulto”, exclamaba un exultante Manzur.

Para reafirmar su lealtad los oradores prometieron jugar fuerte no solo el 23 de agosto, fecha de los comicios provinciales, sino también el 9 de agosto, día de las PASO nacionales. Las promesas se deben a que Alperovich competirá como candidato a senador, y desafía que lo hará con un récord de votos. Hasta José López, que se bajó de su candidatura, se deshizo en elogios. Más allá, Beatriz Rojkés miraba con recelo el anuncio mientras se resigna a la idea de competir en la Legislatura provincial. El viernes la senadora nacional fue reconocida por un logro peculiar: durante 2014 solo pronunció 10 palabras en las sesiones de la cámara alta. Vagos de miércoles, recuerdan algunos.

Anuncios aparte, el acto del viernes fue un contragolpe al anuncio que hará hoy Domingo Amaya. El intendente capitalino blanqueará su candidatura como gobernador, aunque no anunciará al vice. Los antiguos aliados también miran con atención la interna nacional del Frente para la Victoria. Sin demasiados dubitaciones el alperovichismo hace tiempo que se pronunció por Scioli, mientras que Amaya puso sus fichas en Florencio Randazzo. El terreno se complicó para el intendente capitalino, ya que Randazzo anda de capa caída y algunos hasta vaticinan que dejará a un lado –o lo harán dejar– las pretensiones presidenciales.

La interna presidencial del FpV plantea a Amaya una disyuntiva ya que difícilmente pueda superar a Alperovich y Scioli en las PASO nacionales. Y la intención es guardar aliento hasta los comicios provinciales de octubre. La hipótesis de abandonar el barco del kirchnerismo no resulta descabellada, ¿un viraje hacia el massismo?. La bajada de José López y el derrotero de Amaya condicionan a las organizaciones juveniles del kirchnerismo. La Cámpora, que se mostró cercana a López, y el Movimiento Evita, más próxima a Amaya, siempre miraron de reojo a Alperovich. Si el camporismo tuvo lugares en las boletas fue por la lapicera de la Casa Rosada. En este estado de cosas, a La Cámpora no le quedará más alternativa que negociar espacio en las listas del alperovichismo que, recordemos, va con Scioli. En el peronismo el que gana conduce y el que pierde acompaña.

El primer test electoral en Salta lo aprobó el kichnerismo y nadie quiso quedarse afuera de la foto del triunfo. Pero Alperovich no fue parte del convite, ¿no fue o lo fueron?

Mundo PRO

El efecto Salta también golpeo al PRO tucumano. Pablo Walter carga con la derrota del macrismo en las PASO salteñas y, según trascendió, se le suma un nuevo problema. El armador del PRO en el NOA está señalado de ser parte de los contactos con la Casa de Gobierno. El objetivo de las tratativas es dividir los votos opositores, entre dos bloques de centro como el Acuerdo Cívico y Social, y otro encabezado por el PRO, sin descartar el caudal de votos del bussismo residual teniendo en cuenta que Fuerza Republicana siempre trabajó para dividir los votos de la oposición.

La interna delos macristas recrudeció cuando Manuel Avellanada, candidato a gobernador, no quiso compartir la mesa con el concejal de Yerba Buena Pedro Albornoz Piossek. Ni la espiritualidad del rabino Sergio Bergman, testigo del altercado, pudo calmar los ánimos. El manto de la sospecha también alcanza al legislador Colombres Garmendia, quien siempre se mostró reacio a un acuerdo con José Cano.

Las operaciones de Cano

Antes de iniciar su carrera política en la UNT, Cano se recibió de Odontólogo y, según se ve, todavía conserva la predilección por las operaciones. En el día de ayer se dio a conocer una encuesta de la consultora local González & Valladares, en donde el radical candidateado a gobernador tiene una intención de votos del 32,2%. Como contrapartida, el alperovichista Pablo Yedlin encabeza la disputa por la intendencia capitalina con un 21,7%, secundado por el massista Germán Alfaro 18,3%. El mensaje se completa con otros datos y conclusiones. Amaya habría perdido casi 6 puntos desde diciembre de 2014, mientras que Manzur pasó de un 13,6% a un 21,9%. En cuanto a la intendencia capitalina, se destaca a Facundo Garretón del PRO con un 8,8%.

El mensaje tras la encuesta es elocuente. Cano apura el paso para presionar a Domingo Amaya a cerrar un acuerdo, sin descuidar una alianza con el macrismo. Con ayuda de estos sondeos Cano quiere erigirse como jefe de la oposición tradicional y si el amayismo pierde votos en la gobernación y no puede repuntar en la capital, deberán aceptar la condición de su liderazgo.

El retorno de lo reprimido

La contienda electoral también se dirime en las consecuencias de las inundaciones. Manzur, Jaldo y Yedlin recorren las poblaciones afectadas prometiendo soluciones, mientras que la oposición tradicional en la legislatura fustiga a los ministros.

La nueva inundación que sufrió Graneros hizo que sucediera algo impensado en otros tiempos. Alperovich se hizo presente en la zona pero rápidamente tuvo que irse. Los vecinos lo increparon y le plantearon exigencias que al gobernador le parecieron excesivas y dejó ver su malhumor. El gesto es doble. Si Alperovich fue a Graneros es porque ya no alcanza ni con Manzur ni Jaldo, mucho menos con Rojkés. Si los vecinos lo increparon es porque sienten que ya no hay promesas que valgan y el principal responsable de que hayan perdido todo es el gobernador.

Pero más allá de cómo repercuta el crimen social de las inundaciones en las elecciones, sobre el régimen tucumano vuelven los problemas que no se solucionaron en 12 años y que se arrastran hace décadas. Cientos de familias perdieron lo poco que tenían, el déficit habitacional –bastante agudo en la provincia– se incrementa en contrapartida a las “diez mansiones”. Las consecuencias en la salud también son alarmantes. Quienes lo han perdido todo son parte de esa gran masa que trabaja temporariamente en las cosechas, son los que engrosan el 50% de trabajo en negro y cobran los salarios más bajos del país.

Y en la respuesta a estos problemas estructurales ni el oficialismo ni la oposición tradicional acusan recibo, a pesar de la demagogia y los cruces con los vecinos. Si en política las casualidades son excepcionales, en las operaciones nada es fortuito. Todos coinciden en silenciar al Frente de Izquierda, la única voz que plantea una salida para los trabajadores y el pueblo pobre.